
Una red de pesca perdida no desaparece sin más en el fondo del mar. Según estimaciones de expertos, los aparejos de pesca abandonados, perdidos o descartados representan alrededor del 10 % de todos los residuos marinos. El proyecto europeo NETTAG+, coordinado por investigadores de la Universidad de Oporto, recurre a varias soluciones a la vez: talleres para pescadores, marcadores acústicos para los aparejos, sonar combinado con inteligencia artificial y robots submarinos; y al final puedes comprobar cuánta responsabilidad por el mar hay en tus propios hábitos.
Cualquiera que haya estado en la costa ha visto un trozo de cuerda o una maraña de red arrastrada por las olas hasta la playa. Pero eso es solo la parte visible del problema. Las redes, nasas y cabos que se quedan en el agua tras romperse, perderse o ser tirados a propósito pueden amenazar durante mucho tiempo a los animales y a los barcos. Según las estimaciones que recoge CORDIS, estos aparejos de pesca abandonados, perdidos o descartados, conocidos como ALDFG, representan aproximadamente el 10 % de todos los residuos marinos.
Sandra Ramos, bióloga del centro de investigación marina y ambiental CIIMAR de la Universidad de Oporto y coordinadora del proyecto NETTAG+, advierte de que no se trata solo de la naturaleza: estos aparejos de pesca fantasma amenazan la vida marina europea y, además, pueden perturbar la navegación, con el consiguiente impacto socioeconómico.
El proyecto, financiado por la Unión Europea, no apuesta por un único invento milagroso. El equipo combinó educación, electrónica, análisis de datos y robótica, porque cada uno de estos enfoques responde a una parte distinta del problema. Ramos lo explica así: «Nuestro objetivo es desarrollar y demostrar soluciones complementarias e innovadoras que prevengan, eviten y mitiguen los impactos nocivos de los aparejos de pesca y los residuos marinos derivados de la pesca».
En la práctica, el trabajo siguió cuatro líneas principales:
La primera línea es la menos técnica, pero puede resultar clave. El equipo organizó talleres, eventos con realidad virtual y campañas informativas que presentaban a los pescadores profesionales como «guardianes y limpiadores del océano». Junto con ellos se elaboró un manual de buenas prácticas para separar y almacenar los residuos marinos recogidos durante la pesca habitual.
El proyecto publicó además un libro blanco sobre programas de recompensa para pescadores por la recogida de residuos marinos. Según Ramos: «En este documento se ofrece información útil para el diseño de sistemas de recompensas escalables y alineados con las políticas, que reconozcan a los pescadores por llevar los residuos marinos a los puertos pesqueros, donde pueden incorporarse a la economía circular». La lógica es sencilla: si traer la basura al puerto compensa, es más fácil cambiar los hábitos diarios a bordo.
El segundo pilar es MyGearTag, un sistema acústico de localización asequible, fácil de usar y listo para comercializarse. Permite encontrar una red u otro aparejo antes de que se convierta en un residuo más. Ramos ofrece cifras concretas: «MyGearTag permite a los pescadores localizar y recuperar rápidamente los aparejos de pesca perdidos a distancias superiores a 2 km y a profundidades de más de 650 m, lo que reduce los costes de sustitución de los aparejos, los esfuerzos de recuperación, el tiempo de búsqueda y los impactos medioambientales asociados a los ALDFG».
El sistema se probó con éxito en Croacia, España, Italia, Portugal y el Reino Unido con distintos tipos de aparejos. De su comercialización se encarga Succorfish, socio del proyecto.
Un marcador ayuda cuando la red se ha equipado con él de antemano. Pero ¿qué ocurre con los aparejos que llevan mucho tiempo en el fondo? A esa pregunta responde el tercer elemento del proyecto: un sistema que combina sonar de alta resolución, algoritmos de inteligencia artificial y plataformas robóticas autónomas para detectar, cartografiar y rastrear las redes fantasma. El sonar explora el fondo, los algoritmos ayudan a reconocer en las imágenes los aparejos perdidos y las plataformas autónomas permiten seguir su rastro.
Ramos explica hacia dónde apunta el equipo: «La idea es que el sistema permita, con el tiempo, llevar a cabo operaciones a gran escala de seguimiento y recuperación de los aparejos de pesca abandonados». La escala es la palabra clave, porque recoger a mano redes sueltas no basta para seguir el ritmo del problema.
La última línea de trabajo se refiere a la megafauna, es decir, a los grandes animales marinos. El equipo desarrolló un mecanismo de liberación activado acústicamente que permite pescar sin cuerdas, así como un sistema de detección de cetáceos en tiempo real. Menos cuerdas en el agua significan menos ocasiones de que los animales queden enredados.
NETTAG+ muestra bien cómo es hoy el trabajo con los problemas ambientales. En un mismo proyecto coinciden biólogos, ingenieros acústicos y especialistas en inteligencia artificial y robótica, pero también personas que trabajan en educación, comunicación y economía. Sin estas últimas, hasta el mejor marcador se quedaría en un almacén, porque son los pescadores quienes tienen que querer usarlo.
Para quienes estudian oceanografía, biología, informática, automática o gestión, es una señal de que merece la pena buscar asignaturas y grupos de investigación estudiantiles en la intersección de varias disciplinas. Saber hablar con las personas a las que va dirigida una solución puede ser tan valioso como conocer los algoritmos.
Según estimaciones de expertos, los aparejos de pesca abandonados, perdidos o descartados suponen alrededor del 10 % de los residuos marinos. El proyecto NETTAG+ aborda el problema en varios frentes a la vez: sensibilización y recompensas para los pescadores, marcadores acústicos que funcionan a más de 2 km de distancia y a más de 650 m de profundidad, sonar con algoritmos de inteligencia artificial, robots autónomos y tecnologías que protegen a los cetáceos. En opinión de la coordinadora, con más concienciación, buenas prácticas y herramientas innovadoras, los pescadores y el sector pesquero están ahora en condiciones de desempeñar un papel protagonista en la iniciativa Restaurar nuestro océano y nuestras aguas.
Este artículo se basa en un material del servicio CORDIS de la Comisión Europea.
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