
Una batería de coche eléctrico que ya no rinde como antes no tiene por qué acabar en un vertedero. Dentro guarda litio, cobalto, níquel y manganeso, materias primas que Europa necesita cada vez más. El proyecto europeo BATRAW ha combinado robots, visión artificial, química y blockchain para desmontar, reciclar y rastrear estas baterías, y ha logrado recuperar más del 98 % de los materiales — y al final puedes comprobar cuánto tienes de ingeniero de la economía circular.
Europa quiere ser climáticamente neutra y la Comisión Europea se ha marcado un objetivo del 46 % de electrificación para 2040. Más coches eléctricos significa también más baterías que, tarde o temprano, llegan al final de su vida útil. Y cada una de ellas contiene metales que no abundan en el continente. Ángel Manuel Escamilla Pérez, investigador principal de Leitat, lo resume así: «La electrificación de Europa generará un volumen cada vez mayor de residuos de baterías y hará crecer la demanda de materias primas fundamentales como el litio, el cobalto, el níquel y el manganeso».
La respuesta a ese problema se llama BATRAW, un proyecto financiado por la Unión Europea dentro del programa Horizonte Europa y coordinado por Leitat, un centro tecnológico español. Junto a socios de varios países europeos, el equipo ha trabajado sobre toda la cadena de valor del reciclaje de las baterías de iones de litio de los vehículos eléctricos: desde la recogida y el diagnóstico hasta la recuperación de materiales y su trazabilidad.
Desmontar una batería de coche es un trabajo delicado, lento y con riesgos para quien lo hace a mano. Por eso BATRAW desarrolló una línea de desmontaje semiautomatizada que combina robótica, sistemas de visión basados en inteligencia artificial y corte por láser. En la planta piloto, el tiempo de desmontaje se redujo entre un 50 y un 60 %. Además, hace falta menos trabajo manual y las condiciones de seguridad para los operarios mejoran de forma notable.
Una vez separados los componentes, entra en juego la química. Las tecnologías hidrometalúrgicas del proyecto, que disuelven y separan los metales en soluciones acuosas, alcanzaron tasas de recuperación superiores al 98 % en condiciones industriales. Según Escamilla Pérez, la clave fue conectar las dos fases: «Integramos ambas instalaciones y logramos reducir los tiempos de desmontaje y mejorar la seguridad. El proceso hidrometalúrgico, por su parte, dio como resultado materiales recuperados de gran calidad que se pueden utilizar para producir nuevos materiales para cátodos y ánodos».
Una batería agotada para un coche no está necesariamente acabada. El proyecto ha trabajado varios caminos posibles:
Ese último punto no es un detalle menor. BATRAW puso en marcha un pasaporte digital de baterías y una plataforma de trazabilidad basada en blockchain. No es solo una idea de laboratorio: a partir de 2027, la Comisión Europea exigirá este pasaporte para todas las baterías de vehículos eléctricos de más de 2 kWh que se comercialicen en la UE. «El pasaporte y la plataforma de trazabilidad permiten hacer un seguimiento de las baterías y sus materiales a lo largo de todas las etapas. De este modo, podemos detectar puntos débiles en la cadena de valor y facilitar a los recicladores la recuperación de materias primas fundamentales, lo que contribuye al avance de la economía circular», explica el investigador.
Al abordar a la vez la recogida, el diagnóstico, el desmontaje, el reciclaje, la recuperación de materiales y la trazabilidad, el proyecto ayuda a reducir la dependencia europea de las materias primas importadas, a limitar el impacto ambiental de la minería y a generar menos residuos. Todo ello refuerza la seguridad del suministro. El siguiente paso es la comercialización y el despliegue industrial. «BATRAW demostró que es técnicamente viable desarrollar en Europa un ecosistema de baterías circular y sostenible, con perspectivas económicas favorables y beneficios ambientales», concluye Escamilla Pérez.
Para quien está eligiendo carrera, el proyecto enseña algo interesante: un mismo problema reúne a especialistas en robótica, inteligencia artificial, química, informática y economía circular. Ninguna de estas disciplinas, por sí sola, habría bastado.
Las baterías de los coches eléctricos agotadas son, en realidad, una reserva de litio, cobalto, níquel y manganeso. BATRAW ha demostrado que es posible desmontarlas más rápido y con más seguridad, recuperar más del 98 % de sus materiales, darles una segunda vida y seguir su rastro con un pasaporte digital. Una pieza más para que la electrificación europea sea también circular.
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